Mirando al cielo

Mirando al cielo

sábado, 10 de octubre de 2015

Pues ya está...

Ya ha pasado lo peor, ¿o no?
Esta tarde -horario español- todos los amigos, la familia y mi propia familia, despidieron en el funeral a Pablo, ese hombre al que durante los últimos días no me puedo quitar de la cabeza. Cada vez que veo una moto, cada vez que voy por el cañón de camino a la universidad, cada vez que pienso en que ya queda menos para volver a casa por navidad...de repente me golpea la realidad de que ya no estará ahí, que ya no tendré la oportunidad de mandarle un whatsapp por navidad preguntándole qué chollín ha pedido este año a los reyes, o para comentarle si están poniendo Deep Blue Sea en la tele y recordarle que a día de hoy no la he visto, aunque él se empeñara en que la vimos juntos...
Me doy cuenta de que ya no me responderá preguntándome por la familia y por Tita en particular, por la que sentía pasión... Lo segundo que le dije a mi familia después de darles la noticia entre lloros fue que por Dios no se lo dijeran a Tita, que la pobre se moría del disgusto!

En Cuenca
Han sido unos días raros, el jueves tuve que salir de clase llorando cuando me llegó un mensaje de mi hermano -los estudiantes se quedaron asustados, pero no tuve fuerzas para darles explicaciones. Ya lo haré la semana que viene. El viernes aguanté mejor la compostura en las clases, pero el carácter alegre y simpático que es mi marca de identidad en la clase brillaba por su ausencia; terminé el material que tenía preparado diez minutos antes de tiempo, les dije que no me encontraba bien, y les dejé salir antes. No tenía ganas de ver a nadie, así que me escapé de mis despacho por la escalera de incendios.

Cuando llegué a casa, mi marido me preguntó cómo estaba y si necesitaba dormir una siesta. Sabía que no había pegado ojo en toda la noche, pegada al móvil, esperando noticias que sabía que no llegarían. Le dije que estaba mejor y según terminé la frase me puse a llorar como una magdalena. Cosmo estaba durmiendo la siesta, así que me desahogué con James. Santo James, no todos llevarían bien ver a su mujer llorar por otro hombre, un hombre al que sólo les separó la distancia, no tuvimos malos rollos. James siempre bromeaba cuando yo iba a España y me preguntaba si le iba a ver; no estaba celoso, pero sabía que Pablo había sido una parte muy importante de mi vida y que siempre lo sería.

Hoy, de nuevo, me desperté a las 6 de la mañana y lo primero que hice fue mirar el móvil. Escribí a mi padre y le pregunté si había subido al tanatorio; sí, había ido, se había presentado a los padres de Pablo y les había dicho los buenos recuerdos que tenía de él. Después le escribí a mi madre, ¿había subido ella también? La respuesta fue la misma, sí, había ido acompañada por mi tío Armando. Mi respuesta ante las dos conversaciones fue la misma, ¿les dijisteis a los padres que sentía en el alma no poder estar ahí con ellos? ¿les dijisteis que estoy sufriendo el estar tan lejos y no poder estar a su lado en estos momentos? ¿les dijisteis lo mucho que siento todo lo que está pasando y que aún no me lo creo? Me siento aislada al otro lado del mundo, conectada por internet pero sin la posibilidad de ver las cosas en directo, sin poder dar un abrazo, un beso... preguntándome continuamente si lo que escribo llega con la misma intensidad con la que lo siento. Por si acaso, le mandé un whatsapp al hermano de Pablo, no quiero ser pesada, pero necesito que sepan que mis pensamientos están con ellos continuamente. Me responde más tarde dando las gracias y diciendo que me han sentido con ellos.
Barbacoa en Gijón, primero había que segar.

Una compañera de trabajo me habló de un taller de construcción para niños; era a la misma hora que el funeral... decidí ir con Cosmo y James para no pasarme el tiempo pegada al teléfono esperando que me escribieran mis primas, mis agentes de la verdad verdadera en las que confío para que me digan lo pasa en casa claramente. Cuando estaba en el coche, me llegó el mensaje de Pepa, acababan de salir, me resumieron la ceremonia y me dijeron que habían llorado por mi y por toda la familia. De nuevo me surgieron las preguntas, ¿habían visto a Alfonso y a los amigos? Alfonso y su hermana fueron los que se preocuparon de darme las malas noticias y desde entonces he mantenido el contacto con ellos. Alfonso, como los demás amigos, lo está pasando muy mal, y yo necesitaba saber que no estaba solo, que tenía el apoyo del que yo me siento carente por estar tan lejos. Vuelvo a mi realidad y disfruto de una mañana del sábado con el niño al que le encantan los martillos, construimos una casa para pájaros y volvimos a casa. Cosmo se duerme en el coche y mientras le llevo en cuello, me quedo parada ante la puerta de la casa, donde ya hemos puesto la decoración de Halloween, lo primero que veo es una lápida en el porche, me planteo quitarla pero sigo caminando y acuesto al niño.

Vuelvo a mirar Facebook, está lleno de gente expresando el dolor y el vacío que Pablo ha dejado, hablando de los recuerdos que tienen con él y cómo la vida no será igual. Me impactan las palabras de Marcos que, desde Chile, hace la misma reflexión que llevo haciéndome yo desde que me dieron la noticia. Nos preparamos para perdernos las bodas, bautizos, viajes y éxitos de nuestros seres queridos cuando nos vamos a vivir al extranjero, pero nunca se nos pasa por la cabeza que también nos perderemos los malos momentos. La pérdida de Pablo no es la primera para mi. Mi abuela se murió hace cuatro años, justo un mes antes de mi boda; Pilo murió un mes antes de que naciera Cosmo; la madre de una de mis mejores amigas también murió sin que mi amiga me tuviera para darle un abrazo; mi hermano se separó después de unas navidades; y ahora Pablo nos ha dejado en pleno embarazo de Joey y con los billetes comprados para ir a defender la tesis y pasar las navidades. A veces pienso que cuando todo parece que me va bien, una desgracia me acecha.

La vida continúa para los que nos quedamos aquí, intento recordar los buenos momentos y aceptar que una vez más, cuando llegue a Oviedo, todo será diferente. De momento, sólo me queda esperar a llegar, esperar a ir a ver a los padres de Pablo, esperar a que por fin pueda cerrar el dolor -llevo todos estos días pensando que en español no suena tan bien, en inglés se dice "to get closure" y llevo tanto tiempo aquí que ya tengo expresiones que reflejan los sentimientos mejor en un idioma o en otro. El pilot siempre se metía conmigo y con mi inglés, yo me metía con él diciéndole que para pilotar tenía que "chanar" el inglés... ahora sé que entiende que "I won't get closure until I can meet with his parents, hug them, and tell them how much their son's death has affected me. I'll cherish my memories of him for ever".

Pity y Pablo
La vida sigue, hablando con mi tía esta mañana, me dijo que los padres se harán a la idea poco a poco, que es ley de vida. Y con lágrimas en los ojos le dije "no, no es ley de vida; ley de vida es que los hijos entierren a sus padres, no que sea al revés". No tiene sentido... luego pienso en las palabras que mi amiga Carolina me dijo "ha tocado a tanta gente, ha impactado tanto en tantas personas, que su destino se había cumplido". Viendo el muro de Facebook me doy cuenta de la extensión de estas palabras, era un gran tipo, un gran hijo, un gran hermano, y un increíble amigo, siempre con una sonrisa y una quedada en la boca. Ojalá pudiera volver a escucharle una vez más. Ojalá la vida fuera más justa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario