Mirando al cielo

Mirando al cielo

viernes, 16 de octubre de 2015

Ya estamos de vuelta

Ayer fue nuestro aniversario de boda; hace cuatro años que nos fuimos a Las Vegas a casarnos después de varios intentos fallidos de ponernos de acuerdo en fechas, tipos de celebración y familiares que vendrían del otro lado del Atlántico. Con el vestido ya comprado por Internet, durante las vacaciones de otoño, decidimos dar el salto, avisar a la gente sobre la marcha y esperar que viniera quien pudiera. 

Durante la ceremonia


Vista desde la cámara web



Al final casi toda la familia de James asistió a nuestra boda, mi familia y amigas la vieron por cámara web, e incluso tuvieron tiempo a hacer un video de felicitación (mi familia) y uno de postboda (mis amigas del Equipooooo). 

Mi familia política
Han pasado cuatro años y este año decidimos aprovechar las vacaciones de nuevo para volver a Las Vegas, al mismo hotel, y callejear por la zona antigua, que nos gusta más que el famoso Strip. Llegamos a la capilla en la que nos casamos y nos hicimos la foto de rigor, parecía que no había pasado el tiempo...
Cuatro años después
A veces parece que llevamos juntos más de seis años, y en momentos como estos en los que hacemos una escapadita, parece que fue ayer y que el tiempo ha pasado volando. Todos los matrimonios pasan por momentos buenos y por momentos malos, y nosotros no hemos sido diferentes. La época de Dallas fue sin lugar a dudas la peor de todas. James renunció a su puesto de trabajo para venirse conmigo a SMU; yo trabajaba un montón de horas; él estaba en casa, no consiguió trabajo y no podía estudiar en la universidad porque el precio era prohibitivo. Pero la oferta de DSU llegó y sin pensárnoslo dos veces, volvimos a empaquetar nuestra vida y nos mudamos a St. George. 
Aquí empezó la nueva etapa de nuestra vida. Me quedé embarazada y, como conté en el blog conditionally accepted, el embarazo no fue un camino de rosas. Después nació Cosmo y yo acabé con depresión postparto. James estudiaba en la universidad y durante unos meses trabajó en la biblioteca de la universidad. Con su sueldo no cubríamos la guardería, así que decidió dejar el trabajo y dedicarse a ser padre a tiempo completo.
Padre a tiempo completo

Desde entonces, la vida vida ha seguido su curso... Cosmo está a punto de cumplir dos años y ya nos ha dado una muestra de las terribles pataletas... Una nueva etapa dura para nuestro matrimonio se avecina, tenemos diferentes estilos y en situaciones de estrés, chocamos. Yo estoy en el trabajo la mayoría del tiempo, en cuanto llego a casa me hago cargo de Cosmo, y como no quiero que sea un consentido intento imponer disciplina, no dejarle ver tantos dibujos como querría, o intentar que pronuncie alguna palabra, en inglés o en español, me da igual, pero algo! Cuando es tarde, es bastante complicado, él está cansado, yo estoy cansada y ambos acabamos frustrados... normalmente él, o yo, o los dos acabamos llorando y James se mosquea porque "le hago pillar la perreta y luego me desentiendo". No me desentiendo, pero James también está cansado y no aguanta que llore tanto, así que suele ceder... con lo que yo me convierto en la mala de la película. Mi suegra dice que en cuanto tenga vacaciones y el próximo semestre más libre (sólo tendré una clase para enseñar) volveré a sentir la conexión con Cosmo, y él irá saliendo de la etapa de las perretas poco a poco...

Esta escapada a las Vegas nos ha venido genial. Una de las cosas de las que me he dado cuenta es de que desde que tenemos a Cosmo, apenas caminamos por la calle cogidos de la mano... siempre estamos cogiendo a Cosmo, o peor, persiguiéndole. Pero estos dos últimos días hemos paseado por las calles de Las Vegas sin separarnos, parece increíble que un acto tan simple, pueda marcar una diferencia tan grande.

A veces, a los que somos padres se nos olvida que antes hemos sido matrimonios/parejas... o al menos a mí me ha pasado. Es importante encontrar tiempo para los dos, y es complicado cuando el trabajo y los niños nos tienen agotados. Al finalizar el día, yo solo quiero tirarme en el sofá y ver la tele, James prefiere jugar al ordenador o ver algo diferente en la tele. Tener tiempo para uno mismo es tan importante como tener tiempo para los dos, y eso es algo que hemos descubierto estos dos días en Las Vegas.

sábado, 10 de octubre de 2015

Pues ya está...

Ya ha pasado lo peor, ¿o no?
Esta tarde -horario español- todos los amigos, la familia y mi propia familia, despidieron en el funeral a Pablo, ese hombre al que durante los últimos días no me puedo quitar de la cabeza. Cada vez que veo una moto, cada vez que voy por el cañón de camino a la universidad, cada vez que pienso en que ya queda menos para volver a casa por navidad...de repente me golpea la realidad de que ya no estará ahí, que ya no tendré la oportunidad de mandarle un whatsapp por navidad preguntándole qué chollín ha pedido este año a los reyes, o para comentarle si están poniendo Deep Blue Sea en la tele y recordarle que a día de hoy no la he visto, aunque él se empeñara en que la vimos juntos...
Me doy cuenta de que ya no me responderá preguntándome por la familia y por Tita en particular, por la que sentía pasión... Lo segundo que le dije a mi familia después de darles la noticia entre lloros fue que por Dios no se lo dijeran a Tita, que la pobre se moría del disgusto!

En Cuenca
Han sido unos días raros, el jueves tuve que salir de clase llorando cuando me llegó un mensaje de mi hermano -los estudiantes se quedaron asustados, pero no tuve fuerzas para darles explicaciones. Ya lo haré la semana que viene. El viernes aguanté mejor la compostura en las clases, pero el carácter alegre y simpático que es mi marca de identidad en la clase brillaba por su ausencia; terminé el material que tenía preparado diez minutos antes de tiempo, les dije que no me encontraba bien, y les dejé salir antes. No tenía ganas de ver a nadie, así que me escapé de mis despacho por la escalera de incendios.

Cuando llegué a casa, mi marido me preguntó cómo estaba y si necesitaba dormir una siesta. Sabía que no había pegado ojo en toda la noche, pegada al móvil, esperando noticias que sabía que no llegarían. Le dije que estaba mejor y según terminé la frase me puse a llorar como una magdalena. Cosmo estaba durmiendo la siesta, así que me desahogué con James. Santo James, no todos llevarían bien ver a su mujer llorar por otro hombre, un hombre al que sólo les separó la distancia, no tuvimos malos rollos. James siempre bromeaba cuando yo iba a España y me preguntaba si le iba a ver; no estaba celoso, pero sabía que Pablo había sido una parte muy importante de mi vida y que siempre lo sería.

Hoy, de nuevo, me desperté a las 6 de la mañana y lo primero que hice fue mirar el móvil. Escribí a mi padre y le pregunté si había subido al tanatorio; sí, había ido, se había presentado a los padres de Pablo y les había dicho los buenos recuerdos que tenía de él. Después le escribí a mi madre, ¿había subido ella también? La respuesta fue la misma, sí, había ido acompañada por mi tío Armando. Mi respuesta ante las dos conversaciones fue la misma, ¿les dijisteis a los padres que sentía en el alma no poder estar ahí con ellos? ¿les dijisteis que estoy sufriendo el estar tan lejos y no poder estar a su lado en estos momentos? ¿les dijisteis lo mucho que siento todo lo que está pasando y que aún no me lo creo? Me siento aislada al otro lado del mundo, conectada por internet pero sin la posibilidad de ver las cosas en directo, sin poder dar un abrazo, un beso... preguntándome continuamente si lo que escribo llega con la misma intensidad con la que lo siento. Por si acaso, le mandé un whatsapp al hermano de Pablo, no quiero ser pesada, pero necesito que sepan que mis pensamientos están con ellos continuamente. Me responde más tarde dando las gracias y diciendo que me han sentido con ellos.
Barbacoa en Gijón, primero había que segar.

Una compañera de trabajo me habló de un taller de construcción para niños; era a la misma hora que el funeral... decidí ir con Cosmo y James para no pasarme el tiempo pegada al teléfono esperando que me escribieran mis primas, mis agentes de la verdad verdadera en las que confío para que me digan lo pasa en casa claramente. Cuando estaba en el coche, me llegó el mensaje de Pepa, acababan de salir, me resumieron la ceremonia y me dijeron que habían llorado por mi y por toda la familia. De nuevo me surgieron las preguntas, ¿habían visto a Alfonso y a los amigos? Alfonso y su hermana fueron los que se preocuparon de darme las malas noticias y desde entonces he mantenido el contacto con ellos. Alfonso, como los demás amigos, lo está pasando muy mal, y yo necesitaba saber que no estaba solo, que tenía el apoyo del que yo me siento carente por estar tan lejos. Vuelvo a mi realidad y disfruto de una mañana del sábado con el niño al que le encantan los martillos, construimos una casa para pájaros y volvimos a casa. Cosmo se duerme en el coche y mientras le llevo en cuello, me quedo parada ante la puerta de la casa, donde ya hemos puesto la decoración de Halloween, lo primero que veo es una lápida en el porche, me planteo quitarla pero sigo caminando y acuesto al niño.

Vuelvo a mirar Facebook, está lleno de gente expresando el dolor y el vacío que Pablo ha dejado, hablando de los recuerdos que tienen con él y cómo la vida no será igual. Me impactan las palabras de Marcos que, desde Chile, hace la misma reflexión que llevo haciéndome yo desde que me dieron la noticia. Nos preparamos para perdernos las bodas, bautizos, viajes y éxitos de nuestros seres queridos cuando nos vamos a vivir al extranjero, pero nunca se nos pasa por la cabeza que también nos perderemos los malos momentos. La pérdida de Pablo no es la primera para mi. Mi abuela se murió hace cuatro años, justo un mes antes de mi boda; Pilo murió un mes antes de que naciera Cosmo; la madre de una de mis mejores amigas también murió sin que mi amiga me tuviera para darle un abrazo; mi hermano se separó después de unas navidades; y ahora Pablo nos ha dejado en pleno embarazo de Joey y con los billetes comprados para ir a defender la tesis y pasar las navidades. A veces pienso que cuando todo parece que me va bien, una desgracia me acecha.

La vida continúa para los que nos quedamos aquí, intento recordar los buenos momentos y aceptar que una vez más, cuando llegue a Oviedo, todo será diferente. De momento, sólo me queda esperar a llegar, esperar a ir a ver a los padres de Pablo, esperar a que por fin pueda cerrar el dolor -llevo todos estos días pensando que en español no suena tan bien, en inglés se dice "to get closure" y llevo tanto tiempo aquí que ya tengo expresiones que reflejan los sentimientos mejor en un idioma o en otro. El pilot siempre se metía conmigo y con mi inglés, yo me metía con él diciéndole que para pilotar tenía que "chanar" el inglés... ahora sé que entiende que "I won't get closure until I can meet with his parents, hug them, and tell them how much their son's death has affected me. I'll cherish my memories of him for ever".

Pity y Pablo
La vida sigue, hablando con mi tía esta mañana, me dijo que los padres se harán a la idea poco a poco, que es ley de vida. Y con lágrimas en los ojos le dije "no, no es ley de vida; ley de vida es que los hijos entierren a sus padres, no que sea al revés". No tiene sentido... luego pienso en las palabras que mi amiga Carolina me dijo "ha tocado a tanta gente, ha impactado tanto en tantas personas, que su destino se había cumplido". Viendo el muro de Facebook me doy cuenta de la extensión de estas palabras, era un gran tipo, un gran hijo, un gran hermano, y un increíble amigo, siempre con una sonrisa y una quedada en la boca. Ojalá pudiera volver a escucharle una vez más. Ojalá la vida fuera más justa.

jueves, 8 de octubre de 2015

Un dolor indescriptible

El pilot
No me lo puedo creer... Pablo, el que fue mi novio durante más de ocho años, ya no está; se ha ido en su moto adorada. Ha perdido la vida en la carretera, así de repente, sin previo aviso. La vida nos da palos cuando menos lo esperas. No es justo que un hombre tan joven haya dejado este mundo, tenía mucho por hacer, mucho por aportar y muchos a los que motivar e inspirar.
Sus padres y hermanos están rotos de dolor, ¿cómo ha podido pasar esto? Parece una pesadilla de la que no podemos despertar. Y yo estoy en la otra punta del mundo, con mi marido, mi hijo y con la hija en camino; pero mi corazón querría estar en Oviedo, con Cuca y con Juancho, con Iván, con Iñigo, con Carmen y con Lucía; con Alfonso, con Mario, con David, con Jorge, con Saúl... con todas esas personas que un día dejé atrás por seguir mi sueño y mudarme a EEUU. Con todas esas personas que me hicieron formar parte de sus vidas.
último cumpleaños con los Sánchez Fernández

La familia de Pablo me acogió como a una más de la familia, Cuca y sus manualidades, Juan y sus "pincha ahí, ho", con las comidas en familia, la cena de reyes, y el nerviosismo por los regalos...
Los amigos de Pablo, desde el Auseva, durante ocho años me hicieron sentir "uno más del grupo"; esas noches en La Guacara, jugando a los dardos y riéndonos sin sentido, esas barbacoas y cenas que siempre acababan en risas...
Todas esas personas con las que intercambio mensajes de facebook o de texto de forma esporádica, a las que sigo en las redes y que aún nos felicitamos por los cumpleaños, hoy están sufriendo un dolor indescriptible, y yo en la lejanía -y en cierto modo sintiéndome sola- sufro con ellos, porque la vida no es justa; no es justo que unos padres como Juan y Amparo tengan que enfrentarse a enterrar a su hijo pequeño; no es justo que los amigos de toda la vida tengan que despedirse de Pablingg; no es justo que mi familia esté llorando por ese hombre que creció en nuestra casa, pasando de adolescente a hombre hecho y derecho, policía nacional, piloto de helicópteros y apasionado de las motos; no es justo que yo llore en mi salón mientras mi marido acuesta a mi hijo; nada de esto parece justo.
Pablo siempre formará parte de mi vida, fueron muchos años (llevo repitiendo esto todo el día). El destino hizo que no estuviéramos juntos, pero entre nosotros siempre quedó un cariño, una amistad, que sabíamos que duraría siempre. Mi madre se encontró con él en Luanco y como siempre Pablo fue super cariñoso con ella; mi madre le puso al tanto de mi vida, del embarazo, de que no había podido ir a España esta vez.
La última vez que hablé con él fue este verano, me contó sus planes de viajes, sus chollinos, y su intención de ahorrar para venir a EEUU a hacerse esas rutas de las pelis. Se me pasó contestarle... y desde que compré los billetes para navidad he pensado a menudo en escribirle para quedar con él. Pensé que tenía tiempo, pensé que no me corría prisa, pensé que de aquí a diciembre tendría la oportunidad de hablar con él. Pensé que la vida era justa...

El segundo embarazo

Desde que nació Cosmo, he pensado en publicar un blog contando mis experiencias como madre, esposa, académica, investigadora, etc. pero siempre he tenido otras cosas en la mente. Esta semana, después de publicar una entrada en Conditionally accepted, decidí que iba a empezar a escribir como medida de reflexión.

Escribir esa entrada fue un proceso terapéutico que me ayudó a afrontar este nuevo embarazo de una forma diferente. Desde que supimos que estaba embarazada por segunda vez, los sentimientos han sido totalmente diferentes a los que tuve durante el primer embarazo. Con Cosmo estaba nerviosa ante lo desconocido, pero ansiosa por enfrentarme a esa nueva etapa de mi vida. Con Josephine (Joey) estoy sintiendo de nuevo nervios, pero esta vez lo conocido es lo que los provoca.

Cosmo en su primer día de vida
El embarazo de Cosmo no fue fácil, pero comparándolo con el de Joey ¡fue un camino de rosas! Estoy embarazada de 17 semanas y he engordado 6 libras (3 kg. aproximadamente) después de haber adelgazado 5 libras con las nauseas y los vómitos. Todavía recuerdo lo que dolieron las contracciones, lo duro que fue recuperarme, y lo que lloré día tras día después de que llegara al mundo el niño más bueno del mundo.
¿Cómo será esta vez? ¿Tendré las mismas secuelas físicas? ¿Volveré a tener depresión post-parto? ¿Seguiré sintiéndome la peor madre del mundo? ¿Podré lidiar con una recién nacida y un niño de dos años y medio?

Este verano no he ido a España de vacaciones; decidí quedarme en EEUU y centrarme en terminar la tesis. Además de haberla terminado, disfruté de un verano en el que Cosmo se volvió inseparable; sólo quería que yo le bañara, le acostara, y jugara con él. Era su persona favorita en el mundo. 
Vacaciones en San Diego

El primer día que tuve que volver al trabajo volví a casa para encontrarme con un niño que ya no quería tener nada que ver conmigo. Desde entonces, ha preferido a su padre o a sus abuelos, y aunque sé que me quiere con toda su alma por los abrazos que me da sin que se los pida, o los besos que me roba cuando está viendo los dibujos, cada vez que "me hace un feo" al querer que sea el padre el que le acueste, me duele en el corazón. 

Cosmo cumple dos años al final del mes, y ya siento cómo mi pequeño hombrecito se hace mayor. Sigue sin hablar, pero es capaz de comunicar lo que quiere, necesita o espera del mundo. Usar el español y el inglés se me está haciendo cada vez más difícil, sé que es la exposición a los dos idiomas lo que le está haciendo tardar tanto en hablar, pero la presión que siento cada vez que tengo que explicar que no habla, pero que está expuesto a los dos idiomas, está dándome un nivel de ansiedad comparado al que tenía cuando me convertí en madre por primera vez.

No sé por qué esa presión "ficticia" me afecta tanto, a fin de cuentas nadie de los que me conocen protestan porque no hable... Espero que según avance el embarazo, pueda encontrar un punto de paz que me haga olvidarme de esos pensamientos que me rodean como aves de carroña. Espero que esta vez, tenga más fuerza para afrontar las noches sin dormir, el volver al trabajo a las dos semanas, el enfrentarme a un niño cada vez más independiente.


Mis dos payasetes

Pregnancy and academia

I am Spanish citizen who came to the United States six years ago with a scholarship to enroll in a Master of Language Pedagogy and teach at the University of Utah. My plan was to stay for a year and then move back to Spain where I could apply everything that I had learned. During that first year, I missed my family, my friends, my culture and, definitely, the Spanish food. However, during that year I also met new friends, and I met my husband. I also discovered a new way of working in academia that was entirely different from what I had known in Spain. In my home country, I was a PhD. student and I had been teaching Spanish as a foreign language for 4 years.
Once I graduated, I was hired as an instructor at the same university, and during that third year in the USA, I got married. I was ABD (all but dissertation) in my PhD, and I started attending conferences, presenting at them and building relationships in the academia setting. After multiple interviews, campus visits, and also rejections, I got a teaching position in Dallas, Texas. My husband, our dog, and I moved without thinking twice. After a couple of months in Dallas, a position opened at Dixie State University (college at that time). Although the idea of going through the process of applying for a job was not exciting, the idea of getting a tenure-track position was appealing enough for me to try. I was beyond excited when I was offered that position, and after a semester in Dallas, my family started the move all over again. In January, I was ready to start my new job and I was lucky enough to be a part of the transition from college to university status.

My First Pregnancy, And Some Unexpected Support

I was hired as an instructor until I complete my PhD, with the understanding that the time would count towards the tenure. That very first semester I got pregnant. Obviously, at the beginning, I freaked out… I had thought about having kids, but not until I had set my professional path. I had imagined it would happen after I was tenured. Far from that, I hadn’t been at Dixie State for a whole semester, I still had to attend “New Faculty” training, and I felt like I was already “causing problems.” On one hand, you know that in any job market, it is not a good start to tell your boss “thanks for the opportunity. By the way, I’m pregnant!” On the other hand, I was hired to start a new section in the Spanish program, I was going to take linguistics and pedagogy and teach new courses every semester. I knew nobody would be able to substitute for me, so I was definitely in trouble.
I went to talk to my department chair about my situation, concerned about what repercussions the pregnancy would have. My chair at that time had a little girl of her own, and she got almost more excited than me when I told her the news. After the initial shock of her reaction, I asked her how my situation would affect my position. Since my PhD would be from Spain, I had to physically return to Spain to defend it, which is hard to do when you are pregnant or have a newborn baby.
She told me that she would talk to the Dean and the Human Resources (HR) office to find out, but she was sure there was not going to be a problem since Utah is a state where family is the base of the community. She assured me that no one would blame me for starting my own family. While I was waiting to hear from them, I searched the Internet for different scenarios, yielding the same the same conclusion. Most of the cases ended up with the expectant mothers being fired during the training period. Although I did not find anything specific to academia, it wouldn’t be so different, right? I was expecting to be without a job at the end of the spring semester and fully pregnant. Everybody from HR, the Dean’s office, and my department were supportive of my pregnancy and contributed to granting me peace of mind. I was beyond surprised.
My pregnancy was not easy, although it could have been worse. I suffered 8 months of morning sickness, migraines, low-blood pressure, and falling (including a dislocated toe) – all without being able to take any medication other than Tylenol. I had to compartmentalize my responsibilities and choose the ones that were more crucial for my current situation at the time. I focused on being a teacher and I put the dissertation on hold (although I kept working on it on a regular basis, I couldn’t spend as much time on it as I would have liked).

Rejecting The Myth Of “Super Mom”

My first son was born at the end of October on his due date, which was perfect because it fit into the busy schedule I was managing at the time. I taught on Friday, I woke up on Saturday and had my baby by the end of the day. Since, I hadn’t been working at Dixie State for a year, I couldn’t request time off or make official arrangements to help with this. However, once again, my department was so supportive, they allowed me to take 2 weeks off. My colleagues taught my advanced grammar and composition classes, and since I am the only one in Linguistics, I created online formats for those weeks so that my students would still complete the course without me having a baby “interfering.”
I went back to work after two weeks, a week before Thanksgiving; I was excited to be back. I thought surviving the pregnancy and the delivery was the hard part and I was motivated to go back to being a full time teacher and scholar. However, after a month and half of being a mom, I was diagnosed with postpartum depression. I was crying all the way back home from work, I was crying while I was taking care of my adorable, perfect son, and I cried even more when I was on my own. I was not like that before; had always managed well through hard times. Everyone was supporting me, but it didn’t matter and I would still cry and feel like a failure as a teacher, as a scholar, and as a mother. Twenty-four hours a day, I felt as though I was missing something; I could not focus 100% on anything, and I knew, in the back of my mind, that I was not performing at my best on every aspect of my life. I didn’t know that I was such a perfectionist until this point in my life.
My pediatrician was the one who helped me the most. He told me “you are crying all of the time, because you care about this baby. You are being a mother, a good one, so scratch that from your guilt list.” He also shared his knowledge about the increased chances of having postpartum depression among young mothers with Masters and PhDs; academia trains you to work under stressful situations where you can actively work towards fixing a problem. Motherhood doesn’t work this way; I was approaching being a mother the same way I would approach the task of passing a major exam or facing a new course development. I thought that if I was doing my research, applying the methods that I learned, and work hard towards an objective (for example, getting the baby on a schedule), everything should work as planned. After all, that was my experience in life until that point. I had studied, researched, taught, and I had always reached my goals, so this couldn’t be much more different, could it? However, it was not working out that way.
I, once again, went to my department chair and my dean to talk about my situation. At this point, my teaching performance was as good as before. However, I couldn’t focus on the dissertation. I needed another extension. This time, the Vice President of Academic Affairs at Dixie State University got involved. I was granted an extension with the added assignment of coordinating the program assessment as a counteroffer. I took this new responsibility and added a new title to my list. Now I was a teacher, a scholar, an assessment coordinator, a wife and also a mother.
After pinpointing the problem, I was able to accept that I was, in fact, a good mother and with the assistance of medication, the great support from my department, and from my family, I made it through the dark times. I finally got to bond with my new son, I enjoyed going to work AND coming back home. By my son’s second birthday, I managed to finish the dissertation, as well as to complete the program assessment cycle successfully, get appointed as one of the School of Humanities Assessment Coordinators Leads, serve as Dixie State’s representative in the Utah bridge project (which develops “bridge” courses for high-school students in Dual Language Immersion programs), get positive students’ reviews, present at two academic conferences, support my family, and stay mentally and physically healthy.
I was back to being myself, performing at the level that I was expecting from myself. However, this whole experience changed me in understanding how important compartmentalizing is nowadays when you are trying to survive. Women are constantly put under pressure for how they behave as mothers, professionals, women, etc., and much of this pressure comes from the Internet. My darkest thoughts were validated by comments that I found on the web. These days, everyone can Google, search, and find what other people are doing, and everyone is expressing judgmental opinions. Society puts pressure on women based on the traditional roles that men and women are assigned. I had to defend myself because I chose to be a good teacher and I had accepted that I was not going to be a perfect mother; I heard multiple times that I would regret missing my son’s experiences in the future. I had to deal with funny faces when I told people that my husband was a stay-home dad while I was working full time; we were not fitting into the roles society had assigned us.
However, on the other hand, there are also women who are coming together to get rid of the idea of superwomen and supermothers. I found a Spanish online club, Club de Malasmadres (The Bad Mothers Club), where young entrepreneur professional women fight against this alpha/super mother figure that society is expecting from us. Through memes and funny images, these women express out loud what we are thinking but are afraid to say because of the judgments we would receive.
My Second Pregnancy, And A New Outlook
My perception of motherhood has changed since I had my son. I was trying to be an alpha mother who could do everything that everyone expected her to do and to be able to do it with perfection. I am not one of those; I am a proud “bad-mother” whose only thought is always doing what is best for my family, my students, and me. This usually means compartmentalizing and choosing one face of myself over the rest of them. I worked hard to finish the dissertation and when I saw the light at the end of the tunnel, I moved into a new one. I am currently 3 months pregnant with my second child, a girl. Once again, I can say that I have nothing but support from everyone in my work environment.
When I tell people about this pregnancy, I also add that everything will be happening according to the plan at work. I still need to go to Spain to defend the dissertation, and I am planning on going during the winter break, when I will be about 6 months pregnant. Hopefully, nothing else will get in the way. My expectations about being a mother again are different from what I was expecting with my first child; I could say that I am less naive. I am not expecting for everything to be perfect, I am not expecting myself to be perfect. Hopefully, this time around I won’t get depressed again; but even if I do, I won’t see it as a failure. My depression made me stronger in the sense of knowing I overcame it. I let my depression define me for a while. I think now know that it will be just another part of myself.
Usually, when I read about academia and creating a family, I run into all sort of difficulties and regrets. I am so thankful for having been in a situation where everybody around me understood that besides being a teacher and a scholar, I am also a woman, a wife, and a mother. I have colleagues who have waited until they are tenured to start their own families. They didn’t want to deal with multiple faces of their own personality. Some have just delayed the experience; some have missed it or found it really difficult to happen for whatever reason. I’m glad that I didn’t have to choose between being in a tenure-track position and creating my own family, although it hasn’t been an easy path.